Un buen cierre para el año que se acaba y en el que hemos conmemorado el 50ª Aniversario
de la fundación del Cercle Català de Madrid ha sido el acto de juramento de la Cruz de San
Jordi, condecoración que la Generalitat de Cataluña nos ha otorgado "por el papel de representación
de nuestro país en la capital del Estado".
En nombre de todos los que con su trabajo y voluntad de convivencia han hecho posible que el Cercle
llegue bien vivo a su mitad de siglo de existencia, el presidente Tomás Soler va a recoger
el galardón en una ceremonia sobria y llena de contenido en la cual impresionaba el nombre de
los galardonados, tanto por la importancia individual de cada uno, como por las tareas tan diversas que les eran
reconocidas, diversidad que como dijo el Muy Honorable Presidente de la Generalitat, en su discurso,
es una muestra de nuestra sociedad civil, de la "gente" (utilizando sus propias palabras) que "hacen bien aquello que hacen" y que es
en último término, lo que vertebra a un país y lo hace atractivo.
El Cercle Català de Madrid en sus años de existencia ha sabido realizar esta tarea sin
petensiones, con sencillez y cordialidad.
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